Dos jóvenes mineros fueron hallados sin vida en socavón de mina en Pamputa - Coyllurqui
Una situación recurrente con la actividad minera que nos debe despertar la atención! La minería artesanal e informal, lejos de ser una opción viable y segura, se convierte en una bomba de tiempo que cobra vidas jóvenes e inocentes. El pasado 13 de julio de 2025, en Coyllurqui, dos vidas se apagaron en un socavón de la mina “Apu Chunta” en Pamputa, dejando un profundo vacío y una dolorosa lección sobre los peligros de una actividad sin regulación ni protección Roger Huamán, de apenas 28 años, y Wildor Paleon, con 24, perdieron la vida en un accidente que pudo evitarse. La causa: un traumatismo craneano grave por aplastamiento, consecuencia de las condiciones precarias y peligrosas en las que trabajan estos mineros informales. La escena revela una realidad alarmante: en muchas comunidades, jóvenes arriesgan todo por un sustento, sin medidas de seguridad ni supervisión adecuada. Estos accidentes no son casos aislados, sino una denuncia constante de un sistema que permite que actividades ilegales y peligrosas prosperen a costa de vidas humanas. La pregunta que debemos hacernos es: ¿Hasta cuándo permitiremos que la ambición económica ponga en jaque la vida y el bienestar de nuestros jóvenes? ¿Qué estamos haciendo como sociedad para protegerlos y exigir condiciones dignas y seguras? Es momento de reflexionar y actuar. La minería artesanal e informal puede ser una fuente de economía para muchas familias, pero nunca debe ser sinónimo de muerte. La seguridad, la regulación y la inversión en alternativas sostenibles son las únicas vías para evitar que más jóvenes pierdan la vida en socavones que solo ofrecen riesgos y tragedias. La vida de nuestros jóvenes no puede seguir siendo el precio de la informalidad. ¡Es hora de poner la vida y la dignidad por encima de intereses económicos!
