Saberes ancestrales en la provincia de Antabamba - Unu Juez en Wanso Qocha
Según la crónica de Pedro Pizarro en su obra “Relación del Descubrimiento y Conquista de los Reinos del Perú” dicho personaje conquistador y cronista, de quien se conoce de primera fuente como fue las costumbres de los incas y de que manera se desarrolló el encuentro de estas dos civilizaciones; detalla los hábitos de la majestad del Inca: “El Inca Atahualpa nunca escupía en el suelo. Cuando tenia la necesidad de gargajear o escupir, una de las mujeres o princesas principales de su entorno extendía la mano abierta para que él escupiera en ella”. La razón detrás de este hábito, al ser interrogado por los españoles sobre este comportamiento, explicó que lo hacía “por grandeza” (es decir, por su estatus de divinidad y majestad). El suelo se consideraba sagrado (la Pachamama) la saliva del Hijo del Sol no podía tocar directamente la tierra de forma descuidada. El Inca Garcilaso de la Vega, en sus Comentarios Reales de los Incas, refiere a la tierra como Madre Tierra, considerada divinidad por ser proveedora de alimentos, lo propio ocurría con el agua, considerada elemento sagrado, en el caso especifico de los manantes, cochas, puquios, eran considerados las pacarinas (brotar, nacer, amanecer) de los incas. Según la concepción andina, los incas creían que la humanidad emergía del (Uku Pacha) hacia la superficie terrestre (Kay Pacha) a través de las aberturas naturales por mandato divino, los manantiales, fuentes de agua, cochas y lagunas, son considerados conductos directos que conectaban el mundo de las aguas subterráneas con el exterior, provocando el nacimiento de la vida. Para el cronista Guaman Poma de Ayala, manifiesta que la tierra y el agua no solo representa recursos económicos de supervivencia, sino que son entidades vivas con los cuales se debía tenerlos por cosa sagrada, por lo que correspondía hacer un trabajo festivo de abrir la tierra y realizar la limpieza ritual de los canales y acequias de riego, todo ello acompañado de cantos triunfales, ofrendas a la Pachamama y fuentes de agua. La supervivencia de todos estos saberes ancestrales, registrados por cronistas coloniales y por transmisión oral de épocas pre – incaicas e incaicas, todavía perviven en la actividad cultural del Unu Juez (o Juez de Aguas) de Antabamba en Apurímac, hoy reconocido como Patrimonio Cultural de la Nación. Entre los meses de junio a diciembre la Provincia de Antabamba realiza una seria de prácticas tradicionales que permiten una administración sostenible del agua, los dos territorios conocidos como paraje Wanka y paraje Antabamba, recorren más de 20 kilómetros desde la capital de la provincia al sitio denominado Toma, pasando por la laguna de Wanso Qocha, y desembocando en los territorios agrícolas. Previamente distribuyen sus roles en tres momentos claves: primer momento; Llantakuska, ritual de leña, limpieza de canales y reservorios; segundo momento; las actividades de ritualidad y agradecimiento a las deidades locales y al agua y finalmente el tercer momento; el periodo de gestión de agua por parte del Unu Juez y la celebración del ritual del despacho al agua. Cada 15 de agosto de cada año, se desarrolla la actividad principal de la elección de Unu Juez o Jueces de Agua, esto es dirigido por el Hatun Yachaq o conocido también como Cura Andino o Escribano, este año estuvo a cargo el señor Víctor Castillo, personaje principal y con chamberin (chicote de cuero) en mano es el encargado de desarrollar con disciplina las ofrendas a las deidades locales, asistido de los Umakamanis, son los responsables del desarrollo de toda la actividad. Estas autoridades son elegidas por la comunidad, por transmitir valores, principios y moralidad, son también quienes ejercen castigos a las personas que asisten sin los elementos primordiales de culto; desde la vestimenta festiva para las mujeres; blusa de seda, faldas multicolores, llikllas, y sombreros, vestimenta para varones, compuesta de ponchos, chalinas, chuspa con diseños vistosos y sombreros acompañado de flores de la zona. Una regla general es que esta prohibido quitarse los sombreros, evitar prendas negras, no arrojar residuos en lugares considerados sagrados, menos miccionar, además de acompañar en todo el trayecto cantando (mujeres) y silbando (varones), considerado como entonaciones de honra u honrada, en caso de incumplimiento, se le hace beber doble ración de trago o agua ardiente y fumar a la vez, portar estiércol de ganado en la cabeza, y recibir unos fuertes látigos del chamberin. Además, se tiene testimonios, que personas que asumieron el cargo y la responsabilidad de realizar el ritual correspondiente, y se negaron a efectuar; el castigo que recibieron por quebrantamiento de esta norma ancestral casualmente fue el deceso misterioso, de ahí que la fe en el Apu Wanso fue acrecentándose más. Seguidamente la población se distribuye en dos grupos tanto Qollana que hace referencia a las mujeres y Sullcayre que hace alusión a los varones con los Umakamanis de ambos grupos Antabamba y Wanka, efectúan su tínkaska y mastasqa, que consiste en ofrendar en señal de agradecimiento a sus Apus; Santo Cabildo, Huamanripa, Toma, Calvario, Urkuqucha y Wanso, deidades andinas de la localidad. Como indica el escribano, o cura andino, desde junio hasta diciembre se tiene que acompañar con los cantos tradicionales expresados en voz femenina: “Ayahuay ayahuay, ayahuay, ayahuay, vamos hermanos, vamos paisanos, hermanos, paisanos, ancha kurallas purinanchiska, hermano paisano, mamallay nanallay” y los característicos silbidos y guapeos masculinos de “Wahu, Chihu, Wahu” De manera paralela, se desarrolla la tradicional corrida de toros (toro pukllay) por el cargonte denominado Obligado, acompañado de su banda típica, y tapancas vistosas. Cabe precisar que es el único espacio donde se puede bailar, muy distinto a las actividades de los acompañantes de los Unu Juez. Subsiguientemente, se desarrolla una carrera entre los miembros de los grupos Wanka y Antabamba, con dirección al sector Cuymijuna, espacio de regocijo e intercambio de viandas típicas, donde ambos sectores comparten lo mejor de los potajes tradicionales de Antabamba. El retorno es tal cual como se desarrolló en la subida, acompañando de canticos femeninos y silbidos masculinos, con la distinción que la felicidad es mucho más expresiva por la larga jornada desarrollada en provecho de sus Dioses andinos. Todo este momento concluye el 20 y 21 de diciembre con el ritual central de despacho al agua, donde el escribano y sus umakamanis de Qollana y Sullcayre realizan su tinkaska y alcanzo a sus Apus, en agradecimiento al liquido elemento vital del agua indispensable para los agricultores y ganaderos de los andes Antabambinos.